Cómo un internista equilibró rigor y cercanía para que su auditorio actuara

Cómo un internista equilibró rigor y cercanía para que su auditorio actuara

Leaderlix31 de octubre de 2026
Cómo un internista equilibró rigor y cercanía para que su auditorio actuara

Cómo un internista equilibró rigor y cercanía para que su auditorio actuara

Asertivo, pero a la mitad

El protagonista de este caso es un médico internista con una subespecialidad clínica, profesor universitario y miembro directivo de un colegio profesional del sector salud. Había construido una práctica privada sólida y participaba como ponente en congresos y en actividades organizadas por empresas del sector farmacéutico. Su conocimiento técnico era profundo y su control del tema, completo.

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Foto: Pavel Danilyuk / Pexels

Su objetivo de fondo era consolidar su consulta privada para sostener una estrategia de retiro a futuro, con un proyecto editorial de largo plazo y la intención de seguir posicionándose como una autoridad en su especialidad. El medio que conectaba esos planes era su capacidad de comunicar frente a públicos clave. Por eso, el objetivo de aprendizaje acordado fue desarrollar sus habilidades de persuasión.

La presentación elegida para trabajar era una charla técnica dirigida a colegas médicos sobre un padecimiento viral prevenible y su relación con ciertas comorbilidades. Estaba muy bien documentada, era precisa y se entendía sin dificultad. El diagnóstico, sin embargo, mostró un desequilibrio: hablaba del fenómeno clínico, con gran cantidad de datos y evidencia, y dejaba poco desarrollado el lado empático, el que habla de las personas que reciben el mensaje.

Ese desequilibrio tenía una consecuencia concreta. Entre que el auditorio aprendiera mucho sobre el tema o que tomara acción, su prioridad era que tomara acción. El exceso de datos podía ponerse en el camino de esa acción.

El mapa y la historia que faltaba

Seis modos de comunicar. Un modelo con seis efectos en el auditorio: captar la atención, generar credibilidad, hacer el mensaje aplicable, abrir la mente del público, producir asombro e inspirar pertenencia. Con una rúbrica de preguntas, el médico vio su propia comunicación desde fuera y nombró con precisión lo que le faltaba: acercarla al terreno educativo e inspiracional sin perder el rigor.

Una historia real como puerta de entrada. Tomar una sola idea importante y, en lugar de cubrir más temas, profundizar en ella conectándola con la experiencia de pacientes reales. El médico tenía un caso propio: un paciente activo que tras contraer el padecimiento quedó con una secuela incapacitante y terminó pidiendo la medida preventiva que antes no había considerado. La historia dejó de ser un adorno y se convirtió en el eje de su argumentación.

Hablar desde la experiencia y el criterio. Identificó las partes de la presentación que aportaban poco al objetivo de mover a la acción y las redujo para dar espacio a la experiencia y la opinión fundamentada. Aprendió a marcar lo que comparte con su comunidad médica, a través de valores comunes, para generar el sentido de pertenencia que mueve a actuar.

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Foto: Pavel Danilyuk / Pexels

Un auditorio que participa

Entre una sesión y otra, el médico llevó lo trabajado a presentaciones reales. En una de ellas expuso ante colegas en un espacio abierto, con mala acústica y muchos distractores, y tuvo que ajustar su forma de moverse y de captar la atención para que el grupo se mantuviera centrado en el tema. En otra, ante un grupo de especialistas, ajustó la selección de contenido al tipo de público que tenía enfrente.

Al cerrar el proceso, el cambio era visible en el mismo mapa con el que se había diagnosticado al inicio. La presentación, que había empezado en el terreno técnico y ejecutivo, había ganado terreno en persuasión y en cercanía con el auditorio. Al aplicar las técnicas, el médico reportó un auditorio más atento y satisfecho, mayor participación en la sesión de preguntas y respuestas, y comentarios de los asistentes sobre cómo podían aplicar lo expuesto en su propia práctica. Algunos llegaron a pedir su contacto para resolver dudas posteriores.

El médico identificó también un resultado más tangible y ligado a su objetivo de fondo: reconoció que estos cambios habían contribuido a recibir al menos dos invitaciones para dar presentaciones sobre temas de su especialidad. Hizo notar, además, que las mismas habilidades aplican en la consulta diaria, donde cada conversación con un paciente es también una oportunidad de comunicar con impacto.

Su valoración del proceso fue alta de principio a fin. Lo describió como una herramienta que debe aplicarse en el día a día y reconoció que los cambios necesarios eran ajustes accesibles, no transformaciones complejas. El caso muestra que el rigor científico y la cercanía con el auditorio no se estorban: un especialista con dominio técnico completo puede comunicar con mayor impacto cuando aprende a equilibrar la evidencia con la experiencia, los datos con las historias y la información con la opinión fundamentada.

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